Diario de un cruze de frontera extraordinario

Si unos cabezones deciden que quieren cruzar la frontera, no hay bloqueo que los pare

12 mayo 2016 – día de viaje 156 – La Quiaca y Villazón

En un solo día me tocaron 2 despedidas: de Argentina, País en el cual pasé 53 días, y del grupo de argentinos con el cual viajé durante 20 días a través de las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy. Dos despedidas fueron demasiado para mi cuerpo, que se rebeló y decidió enfermarse, obligandome a unos días de descanso acá en Cochabamba, Bolivia (nada grave, lo que no mata fortalece!).

Seguimos con el cuento de mi última aventura, que es más divertido 😉

 

El 12 de mayo tenía que ser, sí o sí, el día en que se iba a cruzar la frontera Argentino-boliviana. Siete de nosotros ya tenían los pasajes para el tren que salía de Villazón (Bolivia) a las 15.30, y que nos llevaba hasta Uyuni u Oruro, los dos que faltaban se habían ido temprano a comprarlos, y nadie tenía muchas ganas de quedarse en La Quiaca, ciudad frontaliza sin algun encanto.

De Yavi, donde habíamos pernoctado, nos movimos a La Quiaca, solamente el tiempo para desayunar y robarle el wifi a un bar, antes de ir a la frontera. Nos enteramos por Ezequiel (uno de los dos del grupo, junto a Damián, que no tenía todavía el pasaje) que la frontera no se puede cruzar: nadie viene a Argentina y nadie va a Bolivia. En principio pensamos que es una broma no muy divertida de Eze, que consigue convencernos de su buena fe a la tercera vez que nos repite “Lo digo de verdad, no es broma pa’ nada!”. Eze, que tengas que trabajar sobre tu credibilidad?! 😉

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Aprendida la noticia, nos apresuramos un poco (bueno, tampoco mucho, hay que coordinar 8 personas, y esto significa: 8 mochilas de 15kg, almenos 4 personas que tienen que ir al baño, a alguien le falta yerba y a alguien el agua para el mate, quien se pierde porque tiene hambre y fue a comprar facturas, quien fue a sacar plata, quien se pierde no se sabe donde, etc etc), y más o menos a las 12 del mediodía estamos en la frontera, y comienzan las preguntas “Se pasa? O no se pasa? Quien pasa? Pero, que pasa? Te dejan salir? Y te dejan entrar?”. Trás una rápida investigación, se descubre que las oficinas estaban dando el sello de salida de Argentina y aquel de entrada a Bolivia, el problema es que había gente bloqueando el paso a cualquiera quisiera entrar o salir de Villazón. Para decidir que hacer, optamos con el tomar mate, que nunca está de más, y vuelve a unirse a nosotros Damián, de vuelta de la Tierra de Nadie, de que fue ciudadano durante unas horas, habiendo hecho el tramite de salida de Argentina pero no el de entrada a Bolivia. Gastón, el negociador del grupo, ya se había metido a hablar con las oficinas de migración, y vuelve con un puñetazo de papeles de los tramites, que diligentemente llenamos.

A partir de ahora, empieza el quilombo. Nos levantamos e intentamos cruzar mientras Eze se queda en Argentina; nos contestan que no están dando el sello de entrada a Bolivia, así que junta con Dami, vuelvo adónde estabamos esperando antes; de esta manera, perdemos el contacto con 6 componentes del grupo, que parece consiguen pasar el bloqueo. Los 3 que quedamos en el lado argentino, nos ponemos a tomar de nuevo mate. De repente, Eze se anima y va a hablar con la gente del bloqueo, que le dice que nos van a dejar pasar; agarramos rapidamente las cosas, me sellan el pasaporte, cruzamos el ponte, cruzamos el bloqueo y ta-dan! Estamos en Villazón, que parece una ciudad fantasma, y todos los vehiculos son utilizados por hacer más y más bloqueos, que pero no nos paran y no nos dicen nada.

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Los tres seguimos rápidos y felices a la estación del tren, piensando que lo difícil ya lo habíamos pasado…pero así no es. Nos juntamos de nuevo con los otros seis componentes del grupo (Vale, Lu, Benja, Javi, Sonia y Gastón) y con otra gente conocida en el camino, que nos informan que el tren saldrá a las 18.25 de Tupiza, a 90km de distancia, que no hay transporte que salga de Villazón, y que tenemos que caminar 45 minutos hasta pasar el último bloqueo, y de allá habrá unas combis que nos llevarán a Tupiza.

Cinco minutos de relax, comemos un par de galletitas que serán nuestro almuerzo y todos nos ponemos la mochila a los hombros, listos para empezar a caminar.

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Hace calor, no hay una nube en el cielo, el sol quema y el asfalto también; nos cruzamos con mucha gente que nos avísa que falta mucho para caminar, pero no nos perdemos de animo, y seguimos, seguimos…

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…durante casi 40 minutos, creo. Vemos una camioneta que estaba trasladando personas hasta el último bloqueo, y preguntamos al chofer cuanto dista: “Ehh, de acá serán más o menos 10km” WTF?? Decidimos pagar el pasaje y subir a la camioneta. A lo largo del camino se habían unido a nosotros otras cinco personas, entonces ahora eramos 14, con 14 mochilas grandes y otras tantas pequeñas, y la camioneta tenía cuatro asientos y un cajon abierto atrás. La pregunta surgió espontanea: “Entramos todos?” “Sí, no se preocupen!”

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Faltan dos personas para subir, y no parece haber mucho espacio…

la concha de su hermana! (Sepan disculpar el argentinismo)

Si nadie se cayó en el camino, lo debimos al mucho amor que existía en esa camioneta, que nos hizo enganchar el uno con el otro a través de calidos abrazos. Yo le debo la vida a una pierna de Gastón y a las caderas de Sonia, que me ofrecieron un optimo engancho, y a un brazo de Benja, que me ató un poco más a la camioneta.

Bajamos todos de la camioneta, y empezamos a caminar de nuevo, y a preguntar por las combis que llevan a Tupiza. Pasamos un bloqueo, y otro, y otro…y nos damos cuenta que son las mismas personas, que están simplemente adelantando el bloqueo cada vez que nosotros lo pasamos. Después de una discusión que no trajo resultados, decidimos organizar un contra-bloqueo con ranchada en el medio de la ruta: cuando pasan vehiculos, nos paramos y agarrados por las manos evitamos que sigan, hasta encontrar alguien que nos lleve a Tupiza.

 

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“Somos una banda, no van a atropellarnos a todos, no?”

De alguna manera, el plan funciona. Casi asaltamos una combis y subimos en ocho (siempre con 8 mochilas) donde normalmente caben siete personas, y repetimos este acto dos veces, para que todos puedan alcanzar el destino.

En una hora y poco más estamos en Tupiza, y alguien encuentra inclusive la manera para echarse una siesta durante el trayecto.

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Tenemos el tiempo para cargar comida, chocolate (cada uno tiene sus propias necesidades), bebidas y agua caliente (para el mate, claramente), abusar del Mentisan de Valeria y tirarnos un poco en la vereda de la estación del tren, que saldrá solo a las 19.05.

Subimos al tren, y el cansancio no tarda en llegar; ya a las 21.30 había más cabezas caídas que paradas.

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A la 1.15 llegamos a Uyuni, donde me toca despedirme del grupo…no voy a perderme en muchas palabras, simplemente les digo GRACIAS, por esta aventura y por todas las anteriores.

Mucha suerte o, como se dice en mi País, ” In culo alla balena! (E speriamo che non caghi)”.

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4 thoughts on “Diario de un cruze de frontera extraordinario

  1. Éxito en tu aventura bella, gracias por tu presencia en Chile. Inmensamente agradecida de la vida por permitir conocernos. Cariños desde siempre en Chile.

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